A veces termino el día con la sensación de que no hice nada. De que debería haber avanzado más, logrado más, impactado más. Pero… ¿realmente es así?
¿Por qué sentimos esto?
Es normal cuando llevamos muchas responsabilidades y estamos involucrados en múltiples iniciativas. Hay varias razones por las que nos da la impresión de que «no hacemos nada», a pesar de todo lo que logramos:
1. Estamos acostumbrados a un ritmo alto:
Como siempre estamos organizando la vida, el trabajo y múltiples proyectos, lo que logramos puede volverse «invisible» para nosotros mismos. Es como si nuestro nivel base de productividad fuera tan alto que lo que hacemos ya no nos parece suficiente.
2. No nos damos pausas para reconocer nuestros logros
Cuando estamos enfocados en lo que sigue, no nos detenemos a mirar atrás y ver lo que ya conseguimos. Si no tomamos tiempo para celebrar nuestros avances, podemos sentir que no estamos progresando.
3. El famoso «Síndrome del impostor» (sí, ese)
Es muy común que personas como tú y yo —exitosas y comprometidas— sintamos que lo que hacemos no es tan importante o que cualquier otra persona podría hacerlo. Pero eso no es cierto. Lo que hacemos tiene un impacto real en nuestro entorno y en las personas que nos rodean.
4. El agotamiento y la sobrecarga mental
Cuando estamos agotados o emocionalmente saturados, nuestra percepción se distorsiona y sentimos que no avanzamos… aunque en realidad sí lo estamos haciendo.
5. El deseo de querer hacer más
Si somos apasionados con nuestros objetivos (¡y lo somos!), siempre queremos hacer más. Pero ese deseo no significa que no estemos logrando nada, sino que tenemos ambiciones grandes (porque, claro, ¡somos grandes!).
Un ejercicio para cambiar la perspectiva
Tal vez ayude escribir una lista de todo lo que hemos logrado:
- Día a día,
- Semana a semana,
- Mes a mes.
Desde eventos, charlas y mentorías, hasta pequeñas conversaciones donde ayudaste a alguien. ¡Seguro que te sorprenderás al ver cuánto realmente haces!
Un último recordatorio
No somos la misma persona que hace un año, ni siquiera hace un mes. Crecemos, aprendemos y dejamos huella, aunque a veces no lo notemos.
La próxima vez que sientas que «no hiciste nada», respira y mira a tu alrededor. Alguien se inspiró con tus palabras. Alguien aprendió gracias a ti. Alguien sintió apoyo en una conversación contigo.