Soltar no es perder: es abrir espacio

Hay días en que soltar parece sinónimo de derrota. Como si aflojar la mano fuera un acto de debilidad, como si dejar ir significara rendirse. Pero no, soltar no es perder. Soltar es crear espacio. Es decirle al universo: estoy lista para lo que merezco, incluso si aún no sé cómo se ve.

A veces cargamos con personas, proyectos, hábitos o sueños que ya cumplieron su ciclo, pero nos da miedo dejarlos atrás. ¿Y si no viene nada mejor? ¿Y si este era el amor de mi vida, el trabajo ideal, el único camino?

El miedo es hábil para disfrazarse de lealtad. Nos hace quedarnos donde ya no florecemos, solo por no enfrentarnos al eco del vacío. Pero ¿sabés qué? El vacío no siempre es ausencia. A veces es preparación. Como el campo que se deja descansar para que vuelva a dar fruto. Como el cuarto que se ordena para recibir a un huésped especial.

Soltar es un acto de fe. fe en que hay algo más allá de lo que duele, fe en que no todo lo bueno ya pasó. Es reconocer que lo que se va, se va porque ya cumplió su propósito… y que lo que aún no llega, necesita espacio para entrar.

Y si, muchas veces antes de soltar, tocamos fondo. Caemos. Nos quebramos en mil partes. pareciera que todo arde a nuestro alrededor: los planes, las certezas, las promesas. Pero en esa caída hay algo sagrado. Porque en lo más profundo es donde se hace el trabajo silencioso de la sanación.

Allí, en medio del fuego y la ceniza, algo dentro nuestro se transforma. Se reescribe. Se rearma. Como el ave fénix, que no le teme a consumirse porque sabe que en su esencia está el volver a volar.

Caer, Sanar, Renacer

No estás perdiendo, te haces un lugar. Estás barriendo las hojas secas para que la primavera encuentre dónde brotar. Estás soltando lo que ya no te sostiene, para volver a to.

Soltar no es perder, es abrir espacio para que llegue lo que mereces y aún no te ha encontrado. Y cuando llegue, lo vas a reconocer. Porque ya no estarás ardiendo: estarás brillando.